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6 Jul
2010

“Dime en qué elegir y me darás qué sufrir”

Ana Belén Arenas-Guerrero (MH)

“Dime en qué elegir y me darás qué sufrir”, dice el refranero popular.

Hoy nos parece interesante abrir un hueco a la reflexión sobre la “paradoja de elegir”. Desde que en 2006 Barry Schuwartz tratara de explicarnos por qué en esto de elegir más es menos, ha llovido poco, pero la crisis ha sido una tormenta que ha puesto en vigencia este concepto que aúna psicología y economía.

Según Schuwartz, nuestra mentalidad occidental nos hace pensar paradójicamente que los seres somos más libres en la medida en que tenemos más posibilidad de elección: así, cuantas más opciones tenemos, más libres creemos ser, y cuanta mayor libertad experimentamos, mejor creemos sentirnos.
Sin embargo, nada más allá de la realidad. Tener más opciones no nos hace más felices, sino justo todo lo contrario, nos atrapa en un mundo de insatisfacción, nos paraliza, y siempre nos mantiene con la sensación constante de remordimiento. Sentimos que quizás no hemos escogido lo mejor, la opción correcta, porque en la mayoría de las ocasiones elegir algo habrá supuesto la renuncia a algo similarmente maravilloso.

A Sarah Jessica Parker, la paradoja de elegir le ha valido para diez años de serie y varias secuelas peliculeras sobre su insatisfacción y la de sus inefables amigas en la tarea de elegir pretendientes en el Manhatan del nuevo milenio; aquí, en la otra orilla y en nuestro día a día, nos sirve para explicar por qué hoy está más vigente que nunca. Y es que ya sea por efecto de la manida crisis o bien porque tocaba “la vuelta al equilibrio” (la biología y sus imposiciones de “homeostasis”) el caso es que la era de elegir frente al lineal entre cuarenta referencias anticaspa y veinte tipos de aguas aromatizadas, ha tocado a su fin.

Paradójicamente, desde el mundo del marketing nos habíamos empeñado en las últimas décadas en hacer sentir mal a nuestro consumidor a través de darle “todo un mundo de opciones”. Habíamos hecho de nuestros consumidores unos seres abrumados frente al lineal, y de la experiencia de compra algo tan insatisfactorio como real: “¿¿¿¿¡¡¡¡cómo llevarme la salsa barbacoa con chimichurri francés si quizás la de barbacoa con chimchurri francés y vinagre de Módena era mejor!!!!????”. Probablemente hayamos creado hasta insominio.

Sin embargo, bien porque la crisis se ha convertido en un filtro para todos estos productos de valor añadido banal o bien porque el ser humano es un “animal de costumbres” con mecanismos de comportamiento ancestral, hoy se nos reclama la simplicidad, hacer más fácil la vida al comprador. Y en esto una de las claves estará en entender la paradoja de elegir, en la medida en que reduzcamos las opciones de elección del consumidor (que no mermar su capacidad de elegir), le haremos sentir más satisfecho, dejando atrás la frustración que supone sentir que existía la posibilidad de una opción mejor.

Hoy menos es más, Bruce Lee decía que “el súmmum de la práctica lleva a la simplicidad. Una práctica a medio camino lleva a lo ornamental” …y entonces pienso, igual es que no nos hacía tanta falta la salsa barbacoa con chimichurri francés y vinagre de Módena…

Ana Belén Arenas-Guerrero, Investigación / Innovación Método Hélmer

Vía | TED

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